La reserva vive en un cuaderno
Uno anota en una hoja, otro contesta el Instagram y el tercero no se enteró. A las 21:30 hay dos grupos parados en la puerta para la misma mesa.
Mesas prometidas dos vecesSalón, carta, cocina y caja en un mismo sistema. El QR de la mesa, el delivery y la reserva del sábado caen todos en el mismo lugar, con la misma ficha de cliente.
MiReserva es el sistema con el que manejás tu restaurante: reservas, carta, pedidos, cocina, caja y tu propia web.
Así se ve la cocina en vivo: cada pedido cambia de estado solo y todos lo ven. Nadie tiene que preguntar “¿la mesa 12 ya salió?”.
Y una libreta para atarlos. Si algo de esto te suena, es ahí donde se te va la plata.
Uno anota en una hoja, otro contesta el Instagram y el tercero no se enteró. A las 21:30 hay dos grupos parados en la puerta para la misma mesa.
Mesas prometidas dos vecesEl mozo lo canta, la cocina escucha la mitad y el plato sale sin el “sin sal”. Vuelve, y se hace de nuevo.
Platos que rehacés y pagás vosSumás el ticket del punto de venta, la planilla del delivery y lo que quedó en el cajón. Nunca termina de dar.
No sabés qué plato te deja plataMiReserva junta las tres cosas en una sola pantalla. Eso es todo lo que hace.
El cuaderno de reservas se convierte en un plano que se actualiza solo.
Tu web con fotos, historia y botón de reservar. La armás arrastrando bloques, sin saber de páginas.
Salón, terraza, barra y VIP. Mesas que se combinan para grupos grandes y recordatorio automático al cliente.
Quién está sentado, quién reservó y qué mesa se libera. Desde cualquier pantalla.
Así se ve tu noche antes de que empiece. El recordatorio al cliente sale solo.
El menú ejecutivo aparece al mediodía y se esconde a las tres. Vos no tocás nada.
Foto, descripción y etiquetas por plato. Y podés esconder de delivery lo que no viaja bien, sin borrarlo de la carta.
Común o napolitana, chica o grande, el punto de cocción. Cada opción con su precio.
Delivery, retiro o comer en el local, con cupones. Si el cliente cierra el navegador, el carrito lo espera.
El delivery cuesta 15% más que el salón. Lo ponés una vez y se aplica solo.
El precio lo pone tu sistema, no el celular del cliente. Nadie puede editarlo.
Del celular del cliente a la parrilla, sin que nadie cante nada.
Así lo ve la cocina: letras grandes que se leen desde dos metros, cada sector con lo suyo, y se tacha con el dedo.
Sale por la comandera que ya tenés, con las notas bien grandes.
El mozo toma el pedido desde su propio celular. No hay que instalar ninguna aplicación.
Nadie levanta la mano buscando al mozo, y a la noche la caja cierra sola.
El cliente la abre, la divide entre los que son, deja propina y paga. Sin esperar a nadie.
Contás la plata sin que el sistema te sople el número antes. Recién después te muestra la diferencia.
Descuento por día y horario, con tope y límite por cliente. Sirve para llenar los martes.
El número esperado aparece recién cuando confirmás lo que contaste.
No “vendiste 120 milanesas”, sino “la milanesa es la que más sale y la que menos deja”.
Cuánto te sale hacerlo y cuánto te queda. Con aviso cuando un insumo se está por acabar.
El que reserva la terraza y el que pide delivery son la misma persona. Con lo que gastó y lo que le gusta.
Responde consultas y toma reservas desde el número del local, a las tres de la mañana también.
La misma ficha, haya venido a comer o pedido delivery.
Cinco pasos. Así se ve un pedido de principio a fin.
Apoya el celular sobre el código de la mesa. Se abre la carta con “comer acá” ya elegido.
Elige el punto de cocción, los agregados y lo que no quiere. Queda escrito, no cantado.
Suena un aviso, decís en cuántos minutos sale y la comanda cae en el sector que le toca.
El reloj se pone verde, amarillo o rojo según cuánto falta para el tiempo que prometiste.
Divide la cuenta, deja propina y se va. Nadie levanta la mano buscando al mozo.
Y todo eso cae en la misma caja y en la misma ficha de cliente. Si mañana Ana pide delivery, es la misma Ana.
Sin módulos que se compran aparte. Tocá cualquiera y te lleva a la parte de arriba donde se ve funcionando.
Esto viene con cualquier rubro y no se paga aparte.
Le preguntás en castellano cómo viene la semana y te contesta con tus propios números.
La bandeja de WhatsApp. Si el bot se traba, entrás vos, seguís la charla y se la devolvés.
Todos los que pasaron por tu negocio, con su historial y sus datos de contacto.
Lo que entró, lo que falta cobrar y el cierre del día con arqueo ciego.
Lo que sale, anotado por categoría. Para que el número de fin de mes sea el real.
Cada uno ve lo suyo. El que atiende no tiene por qué ver la plata.
Cuando se te llena, se anotan. Si se libera un lugar, les avisás con un toque.
Qué se vendió, quién lo hizo y cuánto quedó. Sin exportar nada a una planilla.
Sin comisión por pedido. Sin costo de instalación. Sin permanencia.
A medida
Depende de cuántas mesas y cajas tenés, y de si hacés delivery. Te decimos el número en la demo, cerrado y sin letra chica.
Pedir una demoSi en el medio decidís que no, no pasa nada: no hay permanencia ni costo de instalación.
Lo que más nos preguntan antes de decidirse.
No. Funciona en el navegador que ya tenés: la computadora del mostrador, una tablet para la cocina y el celular de cada mozo. Nada que instalar ni actualizar.
Pocos días. Cargamos tu carta con vos —no te dejamos solo con una planilla— e imprimís los QR de las mesas. El primer servicio ya entra por el sistema.
Sí, y sin duplicar la carta. Armás una lista con un recargo (15%, por ejemplo) y se aplica sola a todo el canal de delivery.
Es contar la caja sin que el sistema te sople antes cuánto debería haber. Si te muestra el número, el que cuenta lo copia y el arqueo no sirve para nada. Acá aparece recién cuando confirmás tu conteo.
No. Pagás un abono mensual y listo. Lo que vende tu local es tuyo: no nos quedamos con un porcentaje de la venta ni por cubierto.
Dos cosas, y preferimos decirlas acá: todavía no emite factura electrónica (el módulo está hecho, falta que cada local cargue su certificado fiscal), y no se conecta con aplicaciones de terceros tipo delivery de plataformas —MiReserva es tu propio canal de venta.
Cargamos tu carta con vos, imprimís los códigos de las mesas y el primer servicio ya entra por el sistema. En pocos días.