Entre 15% y 20% de cada reserva
Es la comisión del portal. Sobre una habitación de $ 80.000 la noche, son $ 16.000 que nunca entran a tu caja.
Una habitación de cada cincoTodo el resto del software de reservas piensa en horarios que caen dentro de un día. Un hotel no: acá la reserva empieza el viernes a las 15 y termina el lunes a las 11. Por eso tenés un rack de verdad, tarifa por fecha y dos reservas que se pisan no se pueden guardar.
MiReserva es el sistema con el que manejás tu alojamiento: rack, tarifas, recepción, limpieza, caja y tu propia web de reservas.
Cada barra es una reserva que cruza varias noches.
Si algo de esto te pasa todos los veranos, es ahí donde se te va la plata.
Es la comisión del portal. Sobre una habitación de $ 80.000 la noche, son $ 16.000 que nunca entran a tu caja.
Una habitación de cada cincoDos estadías que se pisan no las ve nadie hasta que los dos huéspedes llegan el mismo viernes y hay una sola llave.
Sobreventa que arreglás en el mostradorEl año que viene le escriben ellos, no vos. Se alojó en tu hotel, pero nunca llegó a ser tu cliente.
Huéspedes que no volvés a verMiReserva te da tu propia página de reservas. Lo que entra por ahí no paga peaje.
Habitaciones en las filas, días en las columnas y cada estadía como una barra que cruza las noches que dura. Se lee de un vistazo quién entra, quién sale, quién sigue adentro y —lo más caro de todo— qué noches quedaron sueltas en el medio.
No son seis reservas de un día pegadas. Es una fila con una fecha de entrada y una de salida, y por eso se puede mover, extender o cancelar entera sin tocar seis cosas.
Se desocupa el domingo y vuelve a entrar el martes. Un rack te las muestra en un segundo y ahí decidís si las vendés más barato o las cerrás. Una planilla te las esconde para siempre: no es que las regalás, es que ni sabés que existen.
No es que el sistema avise: es que la segunda reserva no se puede guardar. Aunque alguien la cargue igual, vuelve rechazada.
Se pisan una sola noche, la del 22. Con eso alcanza: esa cama no se puede partir en dos.
La reserva no llega a existir. No queda a medias ni pendiente de revisión: no se guarda.
Un cartel de “ojo, revisá” sirve mientras alguien lo lea. Esto es una traba de verdad: la 101 no admite dos estadías que compartan una noche, y no hay forma de forzarlo. Ni desde el mostrador ni desde la web.
Casi todos los sistemas hacen dos cosas separadas: primero preguntan si está libre y después guardan. Entre una y otra pasa un instante, y en temporada ese instante alcanza.
Con la regla adentro del archivo, el cuarto paso no existe: el intento se rechaza solo, sin depender de que nadie haya escrito bien un control.
La tarifa se carga por fecha, no por día de la semana: un fin de semana largo, una fiesta, la semana de un festival. Cargás el período una vez y el precio sale solo en el sitio, en la reserva y en la caja.
Habitación doble · precio por noche
Habitación doble · precio por noche
La tarifa puede ir por habitación o para todo el hotel: la suite de fin de año se carga aparte sin tocar el resto.
La pantalla de recepción es la del día: las llegadas con su hora estimada y su régimen, y las salidas con lo que consumieron. El parte de limpieza no lo escribe nadie — se arma solo con las salidas.
Llegadas
Salidas
La 102 sale a las 11 y entra otro huésped a las 15: por eso encabeza la lista. Ese orden sale de las reservas, no de la memoria de nadie.
Cada reserva guarda cuántos adultos y cuántos menores son, y si la estadía va con desayuno, media pensión o pensión completa. Cocina sabe cuántos van a bajar a desayunar sin preguntárselo a recepción.
Agua, cerveza, lavandería, una excursión. Se cargan a la habitación con existencia real —no cupo diario— así que sabés qué te queda antes de que se acabe, y todo cae en la cuenta de la estadía.
Es lo que separa una reserva de una intención. El resto se abona al llegar, y el porcentaje lo configurás vos: si tu hotel no toma seña, se apaga.
La ventana es larga a propósito: una habitación vacía no se revende de un día para el otro. Pasado ese plazo, la seña queda a favor del hotel y la habitación vuelve al rack.
El huésped confirma que viene con un toque. Los que no contestan son exactamente los que hay que llamar, y quedan a la vista sin que revises reserva por reserva.
Arqueo ciego: quien cierra el turno cuenta lo que hay y recién después el sistema muestra la diferencia. Es la única forma de que un arqueo sirva para algo.
El total esperado aparece recién después de que cargues lo que contaste.
Al que vuelve todos los años lo reconocés antes de que termine de decir el apellido.
Ocupación del mes por tipo de habitación y lo que facturó cada una.
Pregunta las fechas y cuántos son —que es lo que define la habitación— y deja la consulta cargada con el rango escrito. Vos confirmás; el ida y vuelta de las nueve de la noche lo hace él.
El consumo del minibar, la seña y el cierre de caja son el mismo hilo. No hay que conciliar tres planillas al final del mes porque nunca hubo tres planillas.
Foto grande, habitaciones con capacidad y comodidades, servicios, políticas y el buscador de fechas apoyado sobre la portada. En tu dominio y con tu nombre, no en la ficha número cuatro mil de un portal.
Filtra las habitaciones por cuánta gente entra y lleva el rango a la consulta. Lo que todavía no hace —cerrar el rango completo online— está dicho en la misma pantalla, no escondido: la reserva online toma la fecha de entrada, y las noches se confirman con el hotel.
Con su tipo, su capacidad, la vista, el balcón y si es accesible. Si no cargaste un campo, no se muestra: el sitio nunca promete un balcón que nadie confirmó.
Sin módulos que se compran aparte. Tocá cualquiera y te lleva a la parte de arriba donde se ve funcionando.
Esto viene con cualquier rubro y no se paga aparte.
Le preguntás en castellano cómo viene la semana y te contesta con tus propios números.
La bandeja de WhatsApp. Si el bot se traba, entrás vos, seguís la charla y se la devolvés.
Todos los que pasaron por tu negocio, con su historial y sus datos de contacto.
Lo que entró, lo que falta cobrar y el cierre del día con arqueo ciego.
Lo que sale, anotado por categoría. Para que el número de fin de mes sea el real.
Cada uno ve lo suyo. El que atiende no tiene por qué ver la plata.
Cuando se te llena, se anotan. Si se libera un lugar, les avisás con un toque.
Qué se vendió, quién lo hizo y cuánto quedó. Sin exportar nada a una planilla.
Sin comisión por reserva. Sin costo de instalación. Sin permanencia.
A medida
Depende de cuántas habitaciones tenés y de si es un hotel, una hostería o tres cabañas. Te pasamos el número en la misma llamada, sin vueltas.
Pedir una demoSi en el medio decidís que no, no pasa nada: no hay permanencia ni costo de instalación.
No. Funciona en el navegador que ya tenés: la computadora de recepción, una tablet o el celular.
Pocos días. Cargamos tus habitaciones y tus tarifas con vos, y las reservas que ya tenés tomadas entran al rack antes de abrir.
No. La habitación 101 no puede tener dos estadías que compartan una noche: el sistema rechaza la segunda antes de guardarla. No es que sea improbable, es que no se puede.
Sí. La tarifa se carga por fecha y por tipo de habitación. El fin de semana largo vale lo que vos digas, sin tocar nada el resto del año.
No. Pagás un abono mensual y listo. La reserva que entra por tu página es tuya, entera.
Tres cosas, y preferimos decirlas antes de la demo. No se sincroniza con los portales: si vendés en paralelo por uno, tenés que reservarle una parte de las habitaciones y cargar a mano lo que entra por ahí. No sugiere precios según la demanda: la tarifa la ponés vos. Y todavía no emite factura electrónica —el módulo está hecho, falta que cada alojamiento cargue su certificado fiscal.
Traés cuántas habitaciones tenés, de qué tipo y qué cobrás en alta y en baja, y dejamos el rack armado y la web publicada. Desde esa temporada, las noches sueltas dejan de ser invisibles.