El coseguro entra hoy. Lo de la obra social, no.
Una parte la paga el paciente en el mostrador. La otra la presentás y la esperás sesenta días, si nadie la pierde en el camino.
Plata trabajando fuera del consultorioUn consultorio no cobra una vez: cobra dos. Lo del paciente entra hoy; lo de la obra social entra dentro de dos meses, si nadie lo pierde en el camino. Acá el circuito entero vive adentro del sistema, débitos incluidos.
MiReserva es el sistema con el que manejás tu consultorio: turnos, historia clínica, obras sociales, caja y tu propia web.
Los dos montos salen del convenio y viajan separados desde el primer día.
Si algo de esto te pasa todos los meses, es ahí donde se te queda la plata.
Una parte la paga el paciente en el mostrador. La otra la presentás y la esperás sesenta días, si nadie la pierde en el camino.
Plata trabajando fuera del consultorioUna hoja con lo presentado, otra con lo que pagaron, y una diferencia que nadie termina de explicar del todo.
Débitos que descubrís tardeCon la letra de quien atendió. Si esa persona no está, el paciente vuelve a contar todo desde el principio.
Consultas que se repitenMiReserva sigue los dos cobros por separado, desde el turno hasta que la obra social paga.
Hoy esto vive en un Excel: una hoja con lo presentado, otra con lo que pagaron, y la diferencia que nadie termina de explicar. Son seis pasos, y el sistema los sigue de punta a punta.
Obra social, plan y número de afiliado del paciente, con su vigencia.
Dice cuánto paga la obra social y cuánto abona el paciente por esa prestación.
Se cobra en el mostrador, el día de la consulta.
La parte de la obra social nace como deuda de un tercero, no como cobrado.
A fin de mes se junta todo lo del período y se presenta.
Semanas después pagan. A veces con débitos: prestaciones rechazadas.
Los dos montos se guardan separados, tal como los publica la obra social, y quedan congelados el día de la prestación. Si mañana cambian los valores, lo que ya hiciste no se toca.
Lo debitado, con su motivo
Cada débito guarda por qué se rechazó. Sin el motivo no se puede reclamar, y sin reclamo esa plata no vuelve.
Sin esto, las prestaciones rechazadas se pierden en silencio: el lote se presenta, llega una transferencia por menos plata de la esperada y nadie tiene con qué comparar. La diferencia se anota como “así pagaron” y no se reclama nunca.
Cargás cuánto paga cada obra social y cuánto abona el paciente por prestación. El mostrador deja de improvisar el coseguro.
La parte de la obra social no entra a la caja del día. Es deuda de un tercero y se ve como tal desde el momento en que se presta.
Cada prestación rechazada queda con su motivo y su monto, lista para reclamar o para dejar de repetir el error que la causó.
La Ley 26.529 trata a la historia clínica como un documento: se puede corregir, pero la corrección se agrega, no reemplaza. No hay botón de editar ni de borrar, hay una entrada nueva que apunta a la anterior.
Paciente refiere dolor lumbar de tres semanas. Se indica plan kinésico de ocho sesiones y control en un mes.
Rectifica: Entrada del 12/08/2026 · 14:32
Se rectifica la entrada de las 14:32: el plan indicado es de doce sesiones, no de ocho. Motivo: error de transcripción.
La entrada de las 14:32 sigue ahí, con su texto original. La de las 18:10 la corrige y queda encadenada. Quien lea la historia dentro de cinco años ve las dos y en qué orden pasaron.
No es que estén escondidos: no se construyeron. Una historia clínica que se puede reescribir no prueba nada, y lo que no prueba nada no sirve ante un reclamo.
Quien atiende no tiene que abrir tres sistemas para saber quién entró al consultorio.
Un paciente puede tener dos coberturas, o haber cambiado de obra social en marzo. Cada una guarda su vigencia, así que al facturar una prestación de febrero se usa la que estaba activa ese día, no la de hoy.
El paciente elige con quién se atiende y ve sólo los horarios de esa agenda. Nadie termina con un turno asignado a otra persona.
Desde tu sitio, con la prestación y su duración real. La duración la fija la prestación, no un bloque fijo de media hora.
Aviso el día anterior. El paciente confirma o avisa que no puede, y ese horario vuelve a estar disponible.
Pasados los minutos de tolerancia el sistema propone marcar la ausencia. La decisión es de una persona, siempre.
Pasaron 20 minutos de tolerancia y el turno sigue sin registrar llegada. ¿Marcamos ausencia?
En salud el ausentismo no se marca solo. Una ausencia mal puesta en la ficha de un paciente es un dato que después se usa para decidir, y equivocarse ahí cuesta caro.
En un consultorio con varios profesionales, la liquidación del mes es la otra planilla que nadie quiere hacer. Sale del mismo lugar donde ya está todo lo que atendieron.
Qué hace, en qué agenda y con qué duración. El paciente lo ve en tu sitio con su especialidad y su matrícula.
Porcentaje o monto fijo, según lo que hayan arreglado. Se aplica sobre lo prestado, no sobre lo cobrado a mano.
El detalle del mes, prestación por prestación, listo para conversar sin discutir números.
Las prestaciones debitadas se ven aparte: si la obra social no pagó, el consultorio y el profesional tienen que estar mirando el mismo número.
Coseguros, particulares y lo que se cobró por otra vía, en un solo turno de caja. Y la planilla del mes ya no hace falta.
Quien cierra no ve el total esperado hasta después de contar. Es la única forma de que el arqueo signifique algo.
Contesta horarios reales y toma el turno. Cuando la consulta se pone delicada, la conversación pasa a una persona.
Y la deuda por pagador: cuánto te debe cada obra social, por período.
Las dos preguntas que se hace alguien antes de pedir un turno médico son quién lo atiende y si le toman la cobertura. Las dos están en la portada.
Y un botón que lleva directo a esa agenda: la preferencia del paciente viaja hasta la reserva.
Con sus planes. Si todavía no cargaste la cartilla, el sitio invita a consultar — nunca muestra una lista de ejemplo.
Cada prestación con la duración del turno, para que el paciente sepa cuánto reservarse del día.
Sin módulos que se compran aparte. Tocá cualquiera y te lleva a la parte de arriba donde se ve funcionando.
Esto viene con cualquier rubro y no se paga aparte.
Le preguntás en castellano cómo viene la semana y te contesta con tus propios números.
La bandeja de WhatsApp. Si el bot se traba, entrás vos, seguís la charla y se la devolvés.
Todos los que pasaron por tu negocio, con su historial y sus datos de contacto.
Lo que entró, lo que falta cobrar y el cierre del día con arqueo ciego.
Lo que sale, anotado por categoría. Para que el número de fin de mes sea el real.
Cada uno ve lo suyo. El que atiende no tiene por qué ver la plata.
Cuando se te llena, se anotan. Si se libera un lugar, les avisás con un toque.
Qué se vendió, quién lo hizo y cuánto quedó. Sin exportar nada a una planilla.
Sin comisión por turno. Sin costo de instalación. Sin permanencia.
A medida
Depende de cuántos profesionales atienden y de cuántas obras sociales manejás. Te pasamos el número en la misma llamada, sin vueltas.
Pedir una demoSi en el medio decidís que no, no pasa nada: no hay permanencia ni costo de instalación.
No. Funciona en el navegador que ya tenés: la computadora del mostrador, una tablet en el consultorio o el celular.
Los dos montos salen del convenio y viajan separados desde el minuto cero. El coseguro se cobra en el mostrador el mismo día; lo que le corresponde a la obra social queda pendiente de presentar, con su número y su fecha.
Se arma con las prestaciones pendientes del período y del pagador que elijas. Vos lo cerrás y lo presentás. Después cargás la liquidación, y lo que la obra social no pagó queda como débito, con el motivo escrito al lado.
Se rectifica: se agrega una entrada nueva que apunta a la anterior y explica la corrección. La original no se borra ni se pisa, que es como corresponde con una historia clínica.
No. Pagás un abono mensual y listo. Lo que factura tu consultorio es tuyo.
Tres cosas, y preferimos decirlas antes de la demo. No consultamos el padrón de la obra social: el número de afiliado y su vigencia se cargan y se verifican como se hace hoy, por fuera del sistema. No tenemos certificación ni auditoría legal de cumplimiento de la Ley 26.529, así que eso lo tiene que mirar tu asesor. Y todavía no emite factura electrónica —el módulo está hecho, falta que cada consultorio cargue su certificado fiscal.
Traés la planilla con la que presentás hoy y la dejamos cargada: pagadores, planes y cuánto paga cada uno por prestación. Desde el mes siguiente, el lote sale del sistema.